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20-04-2007 |
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El bastón del tio Pepe
Escrito por
Foly Galán
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Título del relato de biografias: El bastón del tio Pepe. Este relato corto ha sido escrito por: Foly Galán

EL BASTÓN DEL TÍO PEPE
Foly Galán
... A la memoria de mi tío bisabuelo Don José Marrero García...
... Y para Arsenio y toda su encantadora familia, por mimarme los domingos...
1ª Escena
ANÉCDOTAS FAMILIARES
... Mis recuerdos sobre el tío Pepe son muy leves, puesto que él murió siendo yo aún muy pequeño; aunque aún así, a veces siento como si lo conociera casi perfectamente, gracias a todas las historias que escuché sobre él a lo largo de mi infancia y durante gran parte de mi adolescencia. Él era el único hermano varón de mi bisabuela materna y, por lo que he logrado escuchar en multitud de ocasiones, despilfarró alocada e irresponsablemente dos considerables fortunas: la herencia que le correspondió y exigió por anticipado a sus padres para irse a vivir a Cuba, y la que percibió posteriormente al fallecer su tío: el hermano de su padre, que lo dejó como principal heredero por ser el único sobrino varón que tenía; algo que las propias hijas del difunto, al igual que las hermanas de Pepe ó el resto de la familia, supongo que nunca consideraron muy acertado.
... Como desde niño escuchaba a mis padres y a todos mis demás familiares llamarlo "el tío Pepe", hasta yo he acabado refiriéndome siempre a él de la misma forma, aunque en realidad no fuera mi tío sino el de mi abuela. Según tengo entendido, después de gastarse la totalidad de sus dos sustanciosas herencias tras varios años de estancia en Cuba viviendo a todo tren, les escribió una carta a sus hermanas, pidiéndoles que por favor le mandaran las quinientas pesetas que por entonces costaba el pasaje en el barco de vela que lo traería de regreso a Tenerife, donde pasaría el resto de sus días literalmente mantenido por la única de sus hermanas que accedió a enviarle el dinero.
... El tío Pepe murió con noventa y pico años, a pesar de haber pasado toda su vida bebiendo, fumando y de fiesta continua. Y cuando le reprochaban que hubiera malgastado de tal manera su gran fortuna, él se mostraba indiferente y se enorgullecía diciendo: ¡en aquella época todo el mundo se iba de Canarias para hacer fortuna, pues yo me fui para gastarla!...
... Al parecer, dejó allí a una mujer y a un hijo, pero de todas las historias que recuerdo haber escuchado sobre él, las que más me llamaron siempre la atención, a pesar de no ser de las más llamativas, son curiosamente las de sus pequeñas manías, algunas de las cuales actualmente yo también comparto: todos los días, en ayunas, él se tomaba una cucharada sopera de aceite de oliva, y al café con leche le echaba sal y azúcar, alegando cuando se le preguntaba: ¡el azúcar para el café y la sal para la leche!...
... Entre los escasos fotogramas que, a modo de "flashback", vienen a mi memoria sobre el tío Pepe, los más nítidos son de cuando lo veía sentado en su modesta cama, en el cuarto de costura de la casa de mi bisabuela, mirándome aparentemente malhumorado, sosteniendo entre sus piernas un bastón con la empuñadura de plata que había traído de Cuba, muy posiblemente, una de las pocas posesiones que le quedaban, recuerdo de su mítica época de grandeza económica, antes de arruinarse por completo y pasar a vivir gracias a la caridad de su hermana pequeña.
2ª Escena
LA AUTENTICA FORTUNA
... El tío Pepe falleció hace ya casi cuarenta años y, sinceramente, desconozco totalmente si en su momento hizo testamento, ó a quien dejaría como beneficiario de sus pocas pertenencias, pero casualmente, veinte años después de su muerte, yo heredé dos de sus más personales y significativas posesiones: su bastón traído de Cuba y su vieja maquinilla de afeitar; ambos objetos carentes hoy en día de otro valor que no sea el que personal y sentimentalmente tienen para mi.
... Pero recientemente, mientras limpiaba el polvo en mi casa, al llegar al paragüero en el que tengo a modo decorativo dicho bastón, me percaté por primera vez de que la empuñadura de plata aparentaba ocultar un posible escondite. Instantáneamente se apoderó de mi juguetona imaginación un codicioso pensamiento materialista: ¿y si realmente él no se llegó a gastar toda su fortuna?
... La verdad, es que yo no sé exactamente que es lo que esperaba encontrar dentro de la empuñadura del bastón del tío Pepe, pero lo cierto es que se convirtió en una terrible obsesión para mí, hasta el punto de que no descansé hasta conseguir, después de probar con varias herramientas y sudar bastante por el consiguiente esfuerzo físico, separar la empuñadura de plata de su firme sujeción a la varilla de madera. Finalmente terminé por descubrir, con gran desilusión, que había perdido estúpidamente el tiempo, puesto qué allí dentro no había nada.
... Lo cierto es que reconozco ser un poco torpe ó algo lento, ya qué me llevó también un considerable y vergonzoso periodo de tiempo en reflexiones, el llegar a darme cuenta de que estaba olvidando una vez más lo que realmente merece la pena e importa de veras en esta vida. Pero afortunadamente, tras recobrarme de mi fracasada e inicial búsqueda absurda de tesoros ilusorios, me sorprendí a mi mismo satisfactoriamente, sonriendo y agradeciendo ser el involuntario beneficiario del mayor de los tesoros y del mejor de los legados que se puede recibir de un antepasado: la fantástica filosofía de la que hizo gala siempre el tío Pepe y su desenfadada forma de enfrentarse a la vida; disfrutando de cada día, apasionada, espontánea e impulsivamente, como si fuera el último; despreocupada e intensamente, sin prejuicios ó complejos, ni vergüenzas ó temores; como nos gustaría vivir interiormente a todos y cada uno de nosotros, pero generalmente nos falta "la pasta", la fe, ó el valor necesario...
... Cuando yo era niño, el tío Pepe era para mí casi como un héroe. Seguramente nunca le preocupó su futuro, por qué siempre estaba demasiado ocupado disfrutando del presente. Puede que el resto de la familia lo considerara y lo considere eternamente como "la oveja negra", pero para mí, independientemente de que yo haya heredado de él, muy posiblemente también, algo más que su bastón y su rudimentaria "gillette", lo recuerdo alegremente en mi pensamiento más como "el patito feo", con la diferencia de que el tío Pepe siempre se paseó por la charca consciente de que era un cisne, él no anhelaba para nada parecerse a los patos... ¿para qué necesitaba la fortuna, si ya era un afortunado?...
Fin
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