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Poemas
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Poemas de amor |
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20-07-2010 |
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Mytilene
Escrito por
Filipos
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Título del relato de poemas: Mytilene. Este relato corto ha sido escrito por: Filipos

Si te he de perder, joyel de limpio aroma, arrástrame hacia ese paso
fatídico, entre ojos cansados, puestos en tierra, que bullen en hórridos
pasadizos y callejas; que se arrastran hasta nuevos tronos de polvo,
donde se alzan vendavales extraviados. Y donde, rauda y punzante, corre
la luna, deshilachada, sobre un desierto nevado. Huye de mí muy despacio.
Déjame en mi negra cueva de sepultura, huérfano del puro alabastro
de tu templo reverenciado. Porque mi garganta, que se valió de la plática
de las ciudades helenizadas, como el ruiseñor de sus trinos, sin ti, será de
nuevo la boca mercenaria, incapaz de acomodarse a otros acentos de
sabiduría.
Si te he de perder Mytilene, senda de resina fragante, cúbreme con tu postrer guirnalda de santuario, porque, al no participar de la primicia de tu
ornamento, seré el mendigo que torna al ocaso, arrastrando sus andrajos
entre multitudes de confines perdidos. Extraño, despavorido y sollozante,
frente al canto y tañido de otras cítaras y címbalos, devoción que recorrerá
mi cuerpo sin herirlo. Plenitud de fiesta, mirra virgen, humo de peregrinas
oblaciones, al abrigo de una nueva encrucijada caravanera. Para mí, noche
otoñal entre tiendas sin hoguera. Porque yo seré siempre el esclavo, que ni se
alimenta ni duerme, sometido a la vigilia de esa propiciación litúrgica
entonadora de tus himnos.
Si te he de perder, sinagoga piadosa que encala de anémonas el estanque de mi lustración, devuélveme al temeroso pregón del pueblo, aunque contraiga
impurezas. Y que mi voluntad, que antes oficiara en el recinto de tu tabernáculo, profane otros suelos sagrados, porque he de volver al tiempo de las ejecuciones, someterme al suplicio de las cohortes pretorianas, como el reo que aguarda su tortura. Vísteme de morada dalmática, déjame arrancar el alarido de las gentes, asomado a esa almena quebrantadora de leyes. He de ser sicario al que jamás enflaquezca su rigor. He de incendiar ciudades, gustoso otra vez del regocijo cruel de los hombres. He de olvidar la liturgia del perdón, entre al bracear herido de las muchedumbres, porque sin ti, diezmo sagrado de mis concupiscencias, no seré más que un ave perdida, revoloteante sobre nuevos templos ignorados, en cuyos techos de púas cinceladas jamás habré de posarme.
¿Cómo, pues, ya en mi guarida de nómada, sepultar mi oído, ocultar mi saña, palabra de ira y penitencia entre nieblas desnudada, si te he de perder, paisaje mío?...
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