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Sara Escrito por Ramoon

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Título del relato de otros: Sara.
Este relato corto ha sido escrito por: Ramoon




Llegué tarde, estaba lloviendo, mi cara empapada aún no se había secado cuando abrí y saqué las llaves del bolso y abrí la puerta de casa. Como era de esperar a aquellas horas no había nadie. Papá estaría trabajando o haciendo alguna cosa, mis hermanas con sus amigas y Sara seguramente encerrada en la biblioteca, no volvería hasta tarde y cenaría en el primer sitio que encontrara, siempre tan aplicada, le quedaban aun tres exámenes para acabar tercero de medicina y no conseguirlo no era una opción.

Entré en mi habitación sin pasar ni por el cuarto de baño, dejé el bolso en mi escritorio y me tiré en la cama. En aquel momento no pasó nada por mi cabeza, supongo que llevaba tanto tiempo dándole vueltas a tantas cosas que mi cerebro estaba saturado.

Pensé en Sara, pensé en lo mal que lo había pasado, pobre Sara, la favorita de papá, luchando día a día contra su enfermedad.

Me levanté y me desnudé frente al espejo. Me pregunté entonces que más podría hacer por ella. Mis cicatrices contaban lo que había dado por ella, mi riñón derecho, un trozo de hígado, tres centímetros de médula. Me preguntaba si el día en el que por fin le entregaría mi vida llegaría.

Oí la puerta abrirse y me vestí a toda prisa.

¿Hay alguien?
Yo
¿Por qué esta la mesa sin poner?
Ahora voy
Ahora no, ¡Ya! Y que no te lo tenga que repetir. ¿Has ido a por el pan?
No
Pues corre, tus hermanas llegarán y quiera la mesa puesta. Desde luego hija tienes una cabeza… no se que voy a hacer contigo
Lo siento papá

Bajé a la calle por las escaleras, se me había olvidado el paraguas y aún llovía, esto me pasaba por olvidar mis tareas. Papá tenía razón, y yo me lo preguntaba día a día, ¿Qué iba a hacer con mi vida? Aunque mis notas no eran malas no había dinero en casa para que pudiera entrar en enfermería el año que viene. Mis hermanas y Sara ya eran bastantes gastos, era mejor que yo ayudara en casa.

Pagué el pan y salí a la calle, puse la barra bajo mi chaqueta para que no se mojara con la lluvia y salí corriendo.

¡Ey! ¿Dónde vas tan deprisa?

Me di la vuelta y allí estaba, cubriéndome con su paraguas, tan guapa, inteligente, era preciosa, pesé que Dios había querido hacer el ser perfecto cuando nació Sara, y sin duda habría sido así de no ser por el error humano que la cargó con su maldición. Que suerte que mis padres hubieran decidido tenerme para poder reparar a Sara, era afortunada, desde que nací me habían intervenido unas doce veces entre trasplantes y biopsias, todo para y por ella.

Me llevó a casa bajo su paraguas para que no me mojara, que buena era.
¿Ya estas aquí? ¡Hombre Sara! Creía que hoy no vendrías a cenar
Tenía ganas de veros
No hacia falta mujer. Venga niña pon la mesa

Era una suerte tenerla, estaba tan orgullosa de ella o más que incluso papá o mis hermanas.

Se lo merecía, era mejor, yo no, no merecía ni tenerla como hermana, yo solo había nacido para que ella viviera, ella era algo, yo no valía nada. Yo era la niña tonta que día tras día fregaba los platos en aquella casa en la que no me querían, en la que no servía, que soy yo, no soy una persona, soy un estorbo, soy la pincelada que sobra en el margen del cuadro más enorme, soy la mala hierba de un paisaje perfecto, soy la nube que estropea un cielo perfectamente despejado, soy nadie… pero ocupo tiempo y espacio. Que llegue ya el día en el que por fin quede equilibrada la balanza, que llegue ya el día en el que yo muera para que ella viva, así debe ser, así debió haber sido, yo no debería haber nacido. Al fin y al cabo para eso existo.


 
 
 
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