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Relatos Varios
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Históricos |
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18-11-2009 |
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Secretario de un verdugo idealizado
Escrito por
José Carlos Carmona Barroso
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Título del relato de otros: Secretario de un verdugo idealizado. Este relato corto ha sido escrito por: José Carlos Carmona Barroso

Yo me llamo Sebastián Mendoza, soy cubano y nací en una familia humilde, mi madre servia en la casa de una familia con mucho dinero.
El marido Don Julián Meléndez era un señor algo mayor, soberbio y déspota, pero sobre todo muy tacaño y egoísta, su esposa Doña Isabel era mucho mas joven que el, una mujer muy buena, una señora que perdonaba todos los desaires y desatinos de su marido, una mujer piadosa, con mucha capacidad de perdonar.
En esos años la vida era complicada, no menos que ahora. Mi padre a su vez trabajaba en las tierras de Don Julián por algún jornal. Yo estaba acostumbrado a entrar a la casa de los Meléndez y ver con envidia como jugaban los hijos del matrimonio con bonitos y vistosos juguetes, y como comían aquellos dulces chocolates, Doña Isabel cuando se percataba de la envidia que sentía se acercaba a mi y me invitaba a tomar un poco de chocolate y cuando sus hijos no querían algún juguete me lo daba a mi, todo ello sin que se enterase su marido, el cual pensaba que a los empleados no se les podía dar muchas condescendencias, que luego se sublevan como en Rusia, como siempre acostumbraba a repetir. Doña Isabel y yo llegamos a tenernos mucho cariño. La llegue a considerar como a una abuela, o como a una segunda madre.
El pueblo cubano siempre ha sido un pueblo que ha sufrido las desigualdades sociales, había mucho rencor acumulado en el corazón de las clases populares, por eso cuando estallo la revolución del 59, los socialistas comandados por Castro explotaron estos sentimientos para su beneficio y derrocaron el régimen de Batista, pero no con los fines nobles de supuesta igualdad social, sino con el de usurpar ellos el poder, eso me costaría años querer verlo. Total, que la revolución estallo cuando yo tenia 19 años y como no, me aliste al ejercito de los sublevados revolucionarios, y cuando ganamos me destinaron a la prisión de la Cabaña, por esos entonces no lo sabia, pero nada mas ganar la revolución Castro triplico el numero de prisiones, todas ellas para disidentes políticos. Me destinaron como secretario del encargado de la prisión, un tal guerrillero conocido como el Che Guevara, yo pensaba que era un hombre honrado, justo, un héroe de la guerrilla, pero nada mas verlo me desengañe, en sus ojos se le podía ver la sed de sangre y su carácter violento.
No tardaría mucho tiempo cuando mis sospechas se hicieron realidad, yo era el encargado de llevarle al Che las sentencias de muerte, el las firmaba, y cada firma que echaba la acompañaba con una larga sonrisa, mis sentimientos eran confusos, yo creía en la revolución, pero sentía cada vez mas desprecio y odio por un hombre y por un régimen que asesina a personas como un proceso natural.
Muchas veces podía oír los gritos de las personas mientras las fusilaban, cuando dormía esos gritos y ruidos me atormentaban, mi alma estaba manchada de sangre, yo no era el que firmaba, ni el que disparaba, pero mi mano si formaba parte de ese engranaje político creado por la revolución para derramar sangre cubana, por lo que me sentía cómplice del asesino intelectual, osease el Che. En esa prisión todos los días morían civiles sin ninguna capacidad de defenderse, todos ellos en juicios sin ningún tipo de garantía democrática, los cuales duraban como mucho 30 minutos, entre las victimas de este genocidio había mujeres, sacerdotes y personas de todas las edades y condiciones. Entonces poco a poco fui descubriendo que todo este sistema no iba a mejorar Cuba sino todo lo contrario, es cierto que acabaron con la clase dominante, osease la burguesía prooccidental, pero solo para cambiarla por una elite burocrática prosoviética, con la diferencia de que este régimen ya estaba manchándose demasiado las manos de sangre.
Yo vivía muerto en vida, la sangre de aquellos inocentes me pesaba toneladas en mi conciencia, pero el mayor sock fue cuando un día me puse a mirar los nombres de la lista y para mi sorpresa vi que Doña Isabel estaba en la lista, esa fue la gota que colmo el vaso, me dirigí con furia hacia el despacho del Che y explicándole la situación y el cariño que sentía hacia esa mujer le pregunte el por que de su fusilamiento y cuando recuerdo su respuesta aun se me hiela el corazón.
Me miro con una cara fría, con sus ojos de psicópata y me dijo: “los revolucionarios somos maquinas de matar sin sentimientos, no matamos personas, matamos a burgueses, o estas con nosotros o estas con ellos”. Me voltee y salí de aquella habitación, en ese mismo momento dimití de mi puesto y me exilie de Cuba lo antes posible, ahora se que muchas personas mas como Doña Isabel murieron asesinadas injustamente.
Esta historia no es real, ni tampoco sus personajes, pero lo que si es real es el genocidio que vivió Cuba por personajes como Castro o el Che, y es una pena que personas de izquierdas que se consideran idealistas puedan idolatrar o justificar a asesinos de esta calaña, para algunos defender ciertas memorias históricas es ser facha, pero jamás defendería a un asesino. CONTRA EL COMUNISMO LIBERTAD
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